Qué grande es París, qué
gris a veces, cuánta gente, cuánto
francés, todos con prisas corriendo por
el metro -siempre me he preguntado si algo les
avisa de que llega el tren o tienen un sensor
especial-.
Al principio ocurre como con todo. Yo pensaba
que no podría cambiar de marcha mientras
miraba por el retrovisor, ponía el intermitente
y hablaba con mis amigos... pero resulta que
sí, que todo es acostumbrarse. Es complicado
encontrar alojamiento pero todos lo hemos hecho;
a los transportes hay que cogerles el ritmo,
como a los horarios en general. Y eso sí,
en cuestión de ocio no podemos quejarnos.
Tú no te pierdas ;).
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