Hablemos de la Ley de la calle. Hablemos de vender el culo por un trozo de moqueta Leroy Merlin. De soñar con colchones Dunlopillo. De pasar por delante del escaparate del Habitat de Bastille sin echarte a llorar.

Las múltiples situaciones en las que me he encontrado en la busca y captura de habitación dan buena muestra del caos inmobiliario.
Olvídate de conseguir un estudio: todo lo que veas de una pieza concentra en el interior de 10m2 una cama, un fregadero, una ducha, un hornillo, un water y un techo abuhardillado. Y cuando digo 10m2 es mucho. Para acceder a este maravilloso paraíso en el que sin duda vivirás hasta la jubilación (porque así son los franceses, todo exceso) tienes que subir una escalera, normalmente de caracol, hasta la eternidad o más allá, y en la que normalmente te mareas llegando al segundo. Aviso a navegantes, no intenten cruzarse dos personas subiendo y bajando por la misma. No lo conseguirán. Todo ello, al módico precio de 450euros. Precio de partida naturalmente, de ahí para arriba hay más cosas.

La segunda opción para una muchacha bien mantenida como yo, es la de la habitación individual con baño y ducha compartida en un pasillote, a modo hotel de los horrores. Estas habitaciones rondan los 400-500 euros y para hacerte con ellas has de pasar un riguroso examen en el que te preguntan desde cuánto cobras hasta qué quieres hacer en la vida, sin pasar por alto las típicas cuestiones raciales, culturales etc, por supuesto. O sea, que si eres artista, profesora asistente con un sueldo más bien módico y por ende española, olvídate de tal ganga.

Tercera opción si eres un poco espabi: Que alguien te dé el chivatazo de algún francés que busque un inquilino. Tal fue mi caso y topeme frente a dos francesas postmodernas de la zona chic que me sometieron a una especie de examen aptitudinario para el cual no estaba yo preparada. Siguiendo mis parámetros de clasificación del joven común medianamente cultivado, enseguida les pillé el punto: Vosotras lo que queréis es un poco de feromonas. Yo misma lo quise en su día. ¡Qué digo! ¡Yo misma he vivido con cuatro gorilas!. Estaba claro que lo que querían era un varón para que les bailara un poco el agua por las mañanas y para poder ponerse esos pijamitas del victoria secret con los que lucir escote y cacha sin parecer que estás medio en cueros. La verdad es que no me esforcé yo en mostrarme magnífica porque, a quién le importa que tengan una casa cojonuda, en una zona cojonuda a un precio cojonudo, con Internet y gastos incluidos, un equipo de música quetecagas, y vayan a fiestas super cool, con gente super chic, y escuchen Portishead y los White stripes y lleven ropa de Jocomomola bien combinada con prendas del H&M, y tengan la casa llena de libros de ciencia política y sociología, música y publicaciones periódicas de todo tipo…buff, a mí, desde luego, no. Sé, no obstante que vieron el brillo de inteligencia en mis ojos (perdonadme si me echo unas flores, pero cuando buscas piso aquí, necesitas un chute de amor propio), brillo que no lograba ver yo en los suyos, pues tenían la retina demasiado taponada por tanto glamour. Una pena de chicas. Toda una pérdida.

Cuarta opción y a la desesperada: Alquilar un apartamento a pachas con una gente. A mí me correspondería por la semana y a ellos el finde. Esto como solución provisional al hecho de que estaba de ocupa de casa en casa de desconocidos durmiendo en suelos, sofás y todo tipo de mobiliario de interior. Mi gozo en un pozo, pues creyendo yo que hacía un favor a las personas que tal contrato me proponían, descubro esta mañana que han encontrado otra chica que esta dispuesta a soportar tal situación durante cinco meses. Desde luego, están locos estos galos. Eso sí, unos y otros me dan con la puerta en las narices con una educación que roza la pedantería. No encuentro yo una frase mínimamente normal que diga “lo siento pero aunque molas tenemos una oferta mejor”. Por más que lo intenté, lo que más se aproxima es algo así como “nos ha encantado talmente tu personalidad pero…”. Y lo siento, en este caso, no admito que lingüistas culturales traten de buscar una frase paralela en español, porque no existe, el protocolo forma parte de su carácter.

Así que, después de una semana de papeleos y carreras de un lado a otro a la busca de un lugar en el que morir en paz concluyo que por no haber, no hay ni tumba en un cementerio. A día dos de octubre servidora seguía sin contrato de trabajo (sin cuenta no me hacen contrato y sin contrato no me dan casa y sin casa no me abren una cuenta), sin casa, sin vida social, (y las escasas relaciones que pueda tener se basan en la discusión acerca de problemas inmobiliarios) y sin haber podido disfrutar de la maravillosa ciudad que se supone que es París.

Ahora, viéndolo todo en perspectiva, gozando del París en primavera, compartiendo chabola con una encantadora gabachita, y a punto de acabar el contrato, me da la risa…
En fin, espero este testimonio sirva para que los que estáis a punto de empezar no desesperéis, porque si yo lo he superado sin hacerme llamar dolores, pues vosotros también podéis.
Courage!


Miriam Blanco