¿Y qué es esto de ser Asistente de Lengua? Pues es un trabajo como cualquier otro (sí, somos asalariados, no becados). Es decir, nosotros trabajamos, ellos nos pagan. Nadie le hace un favor a nadie. El Asistente de Lengua trabaja para el Rectorado de la Academia de París o la que le corresponda, quien lo asigna a uno o dos liceos, inclusive tres, en los cuales se ha de poner en contacto con los profesores de lenguas para, literalmente, hacer lo que ellos indiquen. Este concepto es muy amplio. Hay profesores que tienen ciertas necesidades y dan instrucciones de lo que quieren que su asistente haga, hay otros que no te dicen nada y te dan carta blanca para que tú hagas lo que quieras y hay otros que ni siquiera te necesitan y te dan la libertad de ir o no. Así que el Asistente asiste, pero también enseña, juega, canta, baila y en algunos casos, no hace nada. Nuestro trabajo es de 12 horas por semana, lo que realmente no es mucho, si es que están bien acomodadas y no tienes huecos de cinco horas entre clase y clase y pierdes todo el día por trabajar dos horas.

Ahora, se supone que nosotros podríamos trabajar otras doce horas más, para completar un medio tiempo. Bueno, pues no es cierto. El asistente europeo puede trabajar legalmente dados los acuerdos de la Unión Europea (aunque esto no me queda claro ya que parece que a ellos tampoco), pero para todo el resto de los mortales eso no es legal, aunque sí es posible. En la primera reunión de la Academia (de Paris, a la que yo pertenezco) nos informaron de la posibilidad de trabajar más, solicitando una autorización a nuestros liceos y yendo a la Oficina de Migración para ampliar nuestro permiso de trabajo. Bueno, yo conozco a varios que lo han intentado pero a todos les han negado la posibilidad, y en última instancia, nuestra responsable en el Rectorado ha dicho que ella no sabe de dónde salió esa información. En fin, los que han tenido necesidad y ganas de trabajar más lo han hecho dando clases particulares o cuidando niños o cosas así. De todas formas el sueldo da para vivir. Los paseos, viajes y vacaciones cada quien tiene que absorberlos. Cierto, para este trabajo lo último que hay que tener es necesidad de trabajar. Es decir, esto, más que un trabajo, es una inversión. Explico. En México, para ser asistente de lengua hay que enviar papeles y formularios antes del mes de noviembre (que generalmente es el cierre) a la Secretaría de Educación Pública, organismo que se encarga de coordinar el Programa México-Francia para la enseñanza de lengua. Pueden checar la información en la página www.sep.gob.mx

Entre los múltiples requisitos que se tienen que cubrir se encuentran:

1. Haber terminado estudios universitarios (en cualquier cosa, aunque es más difícil que te escojan si estudiaste física nuclear que si estudiaste humanidades, artes, pedagogía…). No necesariamente hay que estar titulado, con haber terminado los créditos basta.

2. Hablar francés y poder comprobarlo. Piden nivel medio, pero a la hora de la entrevista no te hablan con señas ni nada, así que hay que estar listo.

3. Tener experiencia pedagógica, especialmente con niños.

4. Enviar cartas de recomendación y un montón de papeles que te piden llenes a mano y en francés.

Después de haber enviado los papeles (lo cual cuesta una lana) hay que esperar a diciembre a que salga la primera lista de preselección. Dicen las malas lenguas que en México aplicaron cerca de seis mil personas para un total de 150 puestos. Cuando sale la primera lista de preselección hay que presentarse en enero a entrevista. En México hubo cinco sedes para entrevistas: Ciudad de México, Campeche, Guadalajara, Hermosillo y Tuxtla Gutierrez, creo. Eso sí, el viaje, el hospedaje y la alimentación para la entrevista corren por tu cuenta, que en México no es poca cosa, ya saben que las distancias son en serio.

En mi entrevista (Hermosillo) habíamos aproximadamente 40 candidatos un día y 40 el otro. Las entrevistas son mitad en francés (con un representante de la Embajada Francesa) y la otra mitad en español (con un representante de la SEP). Ahora sí que a cada quien le preguntan cosas distintas, según tu perfil y lo que contestaste en los formularios. Hubo entrevistas en las que te hacían dictados, te preguntaban a qué edad le salió el bigote a Pancho Villa y casi te comían si les decías que París era tu primera opción (que las rentas muy caras, que por qué no a otro lado, que Francia no sólo era Paris…). Otras fueron más ligeras. Total, a esperar de nuevo. Para marzo sale la lista final de asistentes aceptados. Pero aún no canten victoria, porque será hasta abril cuando te avisen si quedas en alguna gran ciudad o en un pequeño pueblo en medio de las montañas, cual Heidi.

De los 150 asistentes aceptados, sólo 5 fuimos asignados a Paris. En abril hay una reunión en la ciudad de México, a la que también hay que ir absorbiendo gastos, lo cual en mi caso ascendía casi a 500 euros. Finalmente en julio hubo que asistir a un seminario de una semana en la ciudad de México, absorbiendo gastos de transportación aunque ya no de hospedaje ni alimentación. A todos esos gastos que si suman dan una cantidad importante, hay que añadir el boleto México-Francia-México, que aunque después te dan la jugosa cantidad de 500 dólares, tienes que tener mucha suerte para que esa suma llegue a la mitad de lo que pagaste tú por el boleto. Finalmente, hay que poder solventar un gasto de aproximadamente un mes y medio sin salario, pagando renta, comida y transportación aquí en Francia. Queda claro, creo, que este trabajo es más bien una gran inversión.

Aunque es distinto para cada país, el hecho es que para los que venimos de América este programa implica un gran cambio. Los asistentes europeos generalmente regresan a casa en vacaciones, nosotros no. Claro que tenemos la oportunidad de viajar, porque si algo de bueno tiene este trabajo son las vacaciones. Sin embargo consideren que viajar puede ser realmente caro. Así que, jóvenes, si tienen la intención de venirse de asistentes a Francia, ¡bienvenidos! Van a vivir una de las mejores experiencias de su vida. Conocerán gente súper interesante, vivirán una experiencia profesional en condiciones distintas a las de su país, y lo mejor de todo, tendrán un muy buen año sabático. Eso sí, pónganse a trabajar y a ahorrar para poder acceder a este trabajo, tan altamente cotizado.

Óscar Holguin
París, marzo 2006